La Costumbre es El Problema….
- Por eso no puedo sentir nada…
Abocado a la constante autorreflexión, reflexión que lucha por imponerse a esos pensamientos sin sentido, pero que acompañados de la más mínima imagen femenina, tienen cierto poder y se toman mucho del “tiempo de hacer nada”, he llegado a cierta conclusión.
Conclusión que surge a partir de un comentario anónimo al blog anterior, que de anónimo tiene lo que Mateo tiene de ignorante.
Todo comenzó porque si bien no llegue a los veinte minutos de meditación zen, por lo menos la defensa de mi mente fue el pensar en mí y en eso de “sentir nada”, la defensa tuvo resultado aunque me hubiese gustado poder “pensar nada”.
A lo que llegué, en un incesante cuestionamiento al ¿por qué no podía sentir nada?, fue al término “costumbre” (este pensamiento me llego frente a la u caminando de vuelta a casa y pensando en que iba a hacer esa tarde), “animal de costumbres”, frase trillada y que si bien no es tan profunda, ni aclaratoria, pues el mismo concepto de costumbre puede ser re o pre analizado, es necesario tomarlo como premisa, una base incuestionable que permite entender el porque es tan difícil sentir nada.
Desde niños estamos acostumbrados por el medio a sentir, por ejemplo: si el recién nacido no llora, el médico le pega una palmadita, para que llore, ¿y si el niño simplemente estaba contemplando esto nuevo, esto que ni siquiera sabe que es mundo?, no, no se le puede dejar contemplando, tiene que sentir, o se ríe o llora, pero que haga algo.
Heme ahí por lo tanto, imbuido en una cultura occidental, que ignora la meditación, y eso que tampoco es eso lo que deseo, pero aún así me es negado, sólo quiero sentir nada, y si bien no creo saber lo que esto significa o implica, creo que es menos, definitivamente menos de lo que pasa por mi mente ahora.
Dejé de carretear en el sentido pachanguero de la palabra, desearía poder juntarme con mis amigos a conversar un rato, a dejar de pasar el tiempo a través de un par de cervezas, más baratas que una taza de café, café que seria ideal en estas tardes de sol despreciativo, que se da el trabajo de alumbrar, pero que olvido eso que se llama calentar. Y esta nueva actitud se plantea como difícil (y eso que llevo recién una semana), desde siempre el carrete ha sido bailar y tomar hasta morir en un vomito sabor a completo de calle, aunque siempre tuve un cierto desprecio, por lo menos antes lo podía soportar, si me llamaran hoy, aún si fuese gratis, me daría lata cambiarme ropa, y subir a tomar el colectivo, pienso en el regreso y me olvido por completo de porque tenia que ir a cierto lugar. La maldita costumbre me hace igualmente recordar esos momentos, pero espero que el no ir también se vuelva en una.
En definitiva, creo que ahora sólo me queda acostumbrarme a ciertas cosas, como el poder estar solo en la u, el ver el fin de semana sólo como un par de días en los que no voy al u, y buscar algo que hacer en las tardes, o por lo menos si no encuentro nada, acostumbrarme a eso, algo así como volver una debilidad en una fortaleza. Acostumbrarme a las costumbres, doblarles el brazo y crear las propias.
(Lo hubiese publicado hace días, pero lleve dos veces el pendrive al cyber, y se me olvido copiarle esto )
lunes, abril 14, 2008
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)