Ya hace una semana que escribí con respecto a las “costumbres”, y esto es lo que me ha pasado:
Respecto a lo de sentir nada, traté de hacer un decálogo de lo que debía hacer para lograr eso, y si bien no llegue a las diez cosas, se me quedaron unas que resultaron ser interesantes.
-Lo principal para no sentir, y basándome en que es en el cerebro donde todo pasa, fue tomar la decisión de que “no debía pensar en cosas que me hicieran surgir sentimientos” pero como dijo Descartes, el pensar es lo único que no es inherente, y por esto creo que más que no pensar en esto o aquello, “debo pensar, pero en cosas que no me hagan sentir” y como esta semana ha estado llena de paros y pruebas que posiblemente se iban a dar, no he tenido tiempo para “sentir” ya que cada vez que esto pasaba, traté, y logré centrarme en aquello que por necesitar toda mi concentración, no me hizo surgir nada en el corazón, la guata, o donde sea que uno sufre lo que siente.
Tampoco he visto a mi única compañera que me genera algo, así que eso también es factor.
La costumbre del cigarro es la más difícil, por los que mis intentos de lograr un cambio de costumbre, han sido simplemente infructuosos, y una cajetilla de Kent en mi corazón lo comprueban (no había Belmont, y en vez de desistir, compré lo otros que son incluso mas caros)
La costumbre que se refiere al carrete, fue supongo lo más simple, mi fantasmal grupo de amigos no es muy carretero, y no he tratado de contactar al que si gusta de los placeres mundanos, así que no he carreteado desde el 8 de Abril.
Con respecto a mi relación con la gente de castellano, todavía no resuelvo si la costumbre nueva debe ser, “con ellos o sin ellos”, y por el momento sigo sólo (de lo que no me quejo), aunque si se da la oportunidad (como en asambleas por el paro y eso) no tengo problemas en fraternizar con los vestigios de compañeros –as que por motivos de horario, sólo veo un par de veces a la semana.
Esto es lo que me ha pasado, nuca he querido usar esto a modo de diario, creo que es más como un álbum fotográfico (pero en palabras) de mi vida, y esto es lo que me pasa ahora en la vida, nada de pomas ni cuentos, nada de nada, solamente esperar y mantenerme, esperando que algo pase de verdad, algo que tampoco deseo, pero que supongo sucederá.
jueves, abril 17, 2008
lunes, abril 14, 2008
La Costumbre es El Problema….
La Costumbre es El Problema….
- Por eso no puedo sentir nada…
Abocado a la constante autorreflexión, reflexión que lucha por imponerse a esos pensamientos sin sentido, pero que acompañados de la más mínima imagen femenina, tienen cierto poder y se toman mucho del “tiempo de hacer nada”, he llegado a cierta conclusión.
Conclusión que surge a partir de un comentario anónimo al blog anterior, que de anónimo tiene lo que Mateo tiene de ignorante.
Todo comenzó porque si bien no llegue a los veinte minutos de meditación zen, por lo menos la defensa de mi mente fue el pensar en mí y en eso de “sentir nada”, la defensa tuvo resultado aunque me hubiese gustado poder “pensar nada”.
A lo que llegué, en un incesante cuestionamiento al ¿por qué no podía sentir nada?, fue al término “costumbre” (este pensamiento me llego frente a la u caminando de vuelta a casa y pensando en que iba a hacer esa tarde), “animal de costumbres”, frase trillada y que si bien no es tan profunda, ni aclaratoria, pues el mismo concepto de costumbre puede ser re o pre analizado, es necesario tomarlo como premisa, una base incuestionable que permite entender el porque es tan difícil sentir nada.
Desde niños estamos acostumbrados por el medio a sentir, por ejemplo: si el recién nacido no llora, el médico le pega una palmadita, para que llore, ¿y si el niño simplemente estaba contemplando esto nuevo, esto que ni siquiera sabe que es mundo?, no, no se le puede dejar contemplando, tiene que sentir, o se ríe o llora, pero que haga algo.
Heme ahí por lo tanto, imbuido en una cultura occidental, que ignora la meditación, y eso que tampoco es eso lo que deseo, pero aún así me es negado, sólo quiero sentir nada, y si bien no creo saber lo que esto significa o implica, creo que es menos, definitivamente menos de lo que pasa por mi mente ahora.
Dejé de carretear en el sentido pachanguero de la palabra, desearía poder juntarme con mis amigos a conversar un rato, a dejar de pasar el tiempo a través de un par de cervezas, más baratas que una taza de café, café que seria ideal en estas tardes de sol despreciativo, que se da el trabajo de alumbrar, pero que olvido eso que se llama calentar. Y esta nueva actitud se plantea como difícil (y eso que llevo recién una semana), desde siempre el carrete ha sido bailar y tomar hasta morir en un vomito sabor a completo de calle, aunque siempre tuve un cierto desprecio, por lo menos antes lo podía soportar, si me llamaran hoy, aún si fuese gratis, me daría lata cambiarme ropa, y subir a tomar el colectivo, pienso en el regreso y me olvido por completo de porque tenia que ir a cierto lugar. La maldita costumbre me hace igualmente recordar esos momentos, pero espero que el no ir también se vuelva en una.
En definitiva, creo que ahora sólo me queda acostumbrarme a ciertas cosas, como el poder estar solo en la u, el ver el fin de semana sólo como un par de días en los que no voy al u, y buscar algo que hacer en las tardes, o por lo menos si no encuentro nada, acostumbrarme a eso, algo así como volver una debilidad en una fortaleza. Acostumbrarme a las costumbres, doblarles el brazo y crear las propias.
(Lo hubiese publicado hace días, pero lleve dos veces el pendrive al cyber, y se me olvido copiarle esto )
- Por eso no puedo sentir nada…
Abocado a la constante autorreflexión, reflexión que lucha por imponerse a esos pensamientos sin sentido, pero que acompañados de la más mínima imagen femenina, tienen cierto poder y se toman mucho del “tiempo de hacer nada”, he llegado a cierta conclusión.
Conclusión que surge a partir de un comentario anónimo al blog anterior, que de anónimo tiene lo que Mateo tiene de ignorante.
Todo comenzó porque si bien no llegue a los veinte minutos de meditación zen, por lo menos la defensa de mi mente fue el pensar en mí y en eso de “sentir nada”, la defensa tuvo resultado aunque me hubiese gustado poder “pensar nada”.
A lo que llegué, en un incesante cuestionamiento al ¿por qué no podía sentir nada?, fue al término “costumbre” (este pensamiento me llego frente a la u caminando de vuelta a casa y pensando en que iba a hacer esa tarde), “animal de costumbres”, frase trillada y que si bien no es tan profunda, ni aclaratoria, pues el mismo concepto de costumbre puede ser re o pre analizado, es necesario tomarlo como premisa, una base incuestionable que permite entender el porque es tan difícil sentir nada.
Desde niños estamos acostumbrados por el medio a sentir, por ejemplo: si el recién nacido no llora, el médico le pega una palmadita, para que llore, ¿y si el niño simplemente estaba contemplando esto nuevo, esto que ni siquiera sabe que es mundo?, no, no se le puede dejar contemplando, tiene que sentir, o se ríe o llora, pero que haga algo.
Heme ahí por lo tanto, imbuido en una cultura occidental, que ignora la meditación, y eso que tampoco es eso lo que deseo, pero aún así me es negado, sólo quiero sentir nada, y si bien no creo saber lo que esto significa o implica, creo que es menos, definitivamente menos de lo que pasa por mi mente ahora.
Dejé de carretear en el sentido pachanguero de la palabra, desearía poder juntarme con mis amigos a conversar un rato, a dejar de pasar el tiempo a través de un par de cervezas, más baratas que una taza de café, café que seria ideal en estas tardes de sol despreciativo, que se da el trabajo de alumbrar, pero que olvido eso que se llama calentar. Y esta nueva actitud se plantea como difícil (y eso que llevo recién una semana), desde siempre el carrete ha sido bailar y tomar hasta morir en un vomito sabor a completo de calle, aunque siempre tuve un cierto desprecio, por lo menos antes lo podía soportar, si me llamaran hoy, aún si fuese gratis, me daría lata cambiarme ropa, y subir a tomar el colectivo, pienso en el regreso y me olvido por completo de porque tenia que ir a cierto lugar. La maldita costumbre me hace igualmente recordar esos momentos, pero espero que el no ir también se vuelva en una.
En definitiva, creo que ahora sólo me queda acostumbrarme a ciertas cosas, como el poder estar solo en la u, el ver el fin de semana sólo como un par de días en los que no voy al u, y buscar algo que hacer en las tardes, o por lo menos si no encuentro nada, acostumbrarme a eso, algo así como volver una debilidad en una fortaleza. Acostumbrarme a las costumbres, doblarles el brazo y crear las propias.
(Lo hubiese publicado hace días, pero lleve dos veces el pendrive al cyber, y se me olvido copiarle esto )
martes, abril 01, 2008
Sentir Nada...
Es raro no sentir, pero ya me estoy acostumbrando.
Supongo que simplemente lo escribo acá porque estoy aburrido de pensarlo solamente.
Me aburro en los carretes, y no me importa tanto, de hecho decidí no carretear más con mis amigos si la cosa se que va para donde no quiero precisamente ir.
Solo salir, tomar una cerveza, conversar de algo y después a la casa, que ellos se vayan de casería, yo no quiero, y los motivos simples, pero a la vez demasiado confusos y personales.
El único efecto de esto es, o será, si es que lo mantengo… un poco más de plata, algo así como cinco lucas más por carrete al que no vaya.
Y estar inmóvil, en mi casa, asiendo lo que hago desde siempre, ósea nada, sin sentir nada, por nadie, excepto aquellos inmortales…
Una frase repetida, “no se que es lo que me pasa”, pero por lo menos es mas llevable que lo que sentia hace un año o dos.
Es raro saber que “me voy a sentir nada”…
Supongo que simplemente lo escribo acá porque estoy aburrido de pensarlo solamente.
Me aburro en los carretes, y no me importa tanto, de hecho decidí no carretear más con mis amigos si la cosa se que va para donde no quiero precisamente ir.
Solo salir, tomar una cerveza, conversar de algo y después a la casa, que ellos se vayan de casería, yo no quiero, y los motivos simples, pero a la vez demasiado confusos y personales.
El único efecto de esto es, o será, si es que lo mantengo… un poco más de plata, algo así como cinco lucas más por carrete al que no vaya.
Y estar inmóvil, en mi casa, asiendo lo que hago desde siempre, ósea nada, sin sentir nada, por nadie, excepto aquellos inmortales…
Una frase repetida, “no se que es lo que me pasa”, pero por lo menos es mas llevable que lo que sentia hace un año o dos.
Es raro saber que “me voy a sentir nada”…
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)