viernes, agosto 26, 2005

Esta Vida Que Estoy Muriendo

El amargo sabor del metal, ya estaba en mi boca, tan amargo como la vida que me llevo a este punto, demasiado amargo tal vez.
En la cama, semidesnuda dormía ella, sin saber que frente a sus cerrados ojos, yo, la única persona que la había amado, tenía una 9 milímetros apuntando al lugar donde se cobijaron tantos poemas y frases que un día le dediqué.
Amargo, demasiado amargo el sabor de este metal, no podía irme así, ¡no podía! Bajé el arma, me acerqué tierno y mentiroso a sus pechos subiendo por ellos solo para besarla por última vez.
Ella aceptó quizás dormida, y sin entender endulzó mi boca con sus labios, los mismos que nunca se atrevieron a soltar un te amo. Exquisito beso, delicioso último sabor en mi boca. La dejé, me alejé y puse la pistola en mi cabeza, no pensé en nada más que en toda mi vida y disparé.
Todo se detuvo.
Las sabanas elevadas por una brisa se mantenían así, en el aire inmóviles, todo estaba quieto, todo.
- Pensabas matarte -dijo una voz que sin haberla escuchado me parecía conocida ya.
- ¿que acaso se puede morir estando uno ya muerto?
¿que acaso por un segundo creíste de verdad que esto era vida?
¿qué acaso tu mismo no dijiste? "esto no es vida"
¿Cómo te podrías matar si no estas viviendo una vida?
¿Cómo?
Sin pensar tanto lo que escuchaba, giré y vi tras de mi a un tipo, no podría decir su edad, tampoco podría decir porque me parecía conocido, si nunca lo había visto, si nunca lo llamé,
¿o si?
-Resígnate, ya estas muerto, no creas que es tan simple como disparar y punto. Luego que él desapareció, la sabana calló y el reloj siguió su tic, comencé a llorar, las lagrimas se convirtieron en gritos al comprobar dos veces más que no podía morir, solo un instante de inmovilidad y luego yo, acá, nada más, nada de muerte.
-¿Qué te pasa? – Mi llanto la despertó y somnolienta además de consternada dijo -recuerda lo que tu mismo me dices siempre, "La Vida es Para Vivirla", "Si un problema no tiene solución para que preocuparse en buscarle una, y si la tiene, para que preocuparse si el problema ya terminara"…
No llores mi niño. Me acurrucó entre sus senos desnudos, y ese calor, esa excitación casi me hace olvidar lo que sentía en realidad, lo que quería en realidad. Me alejé y sin decir más que un ¡Te Amo!
Disparé…
Tal vez fue el hecho de no apuntar lo que me permitió que mientras no veía más que sus ojos pardos, mi bala atravesara por entre su amado corazón, en el momento que una sonrisa de resignación, la dejaba hermosa en manos de la muerte. Quizás ella tampoco murió, quizás también alguien se le apareció a ella, y ahora sigue muerta en esto que algunos llaman vida. Pero para mi esta muerta.
La Amaba… Comencé a caminar, llegué a las escaleras fuera de mi departamento y una niña me quedó mirando, mi desnudo y aún excitado cuerpo le apuntó y la mató.
¿Puede morir quien ya esta muerta? Luego fue un niño que venia riendo por las escaleras,
¡lo hice porque el no merecía seguir muerto!, cuatro, cinco, así iba por la calle, cuando vi a alguien caer desde el último piso de un edificio, calló en el mismo lugar del que se tiró. Perplejo la vi intentarlo una vez más, con el mismo aterrador resultado, la pobre acababa de descubrir que esto era la muerte.
El portero fue el sexto, y mientras subía por las escaleras maté a quien veía. Tal vez porque no quería que ellos descubrieran que llevaban tanto tiempo muertos.
Dejé en mi arma simplemente una bala, la misma que regalaría a aquella muchacha que caía en el lugar del que se tiraba.
Cuando por fin llegué a la azotea me miró, y creo que la pistola en mi mano, mi desnudes y mi estado agitado le permitieron comprender en cierta medida lo que nos unía, se abalanzo furiosamente hacia mi, y me empujo…
mientras caía, active el gatillo que con un clic ausente de estruendo, me decía que no podría librar de esta muerte a la chica que me la regalaba en el mismo instante. Solo pude pedirle perdón, deseando íntimamente que encontrase a quien le arrebatase por fin la muerte que llevaba encima.
Desde la azotea, un segundo antes de dejar de morir, la vi a ella en el último piso, odiándome, sin saber si lograría yo lo que ella no podía, dejar este mundo, tal vez vida, tal vez muerte, eso ya no importa, lo que importa es que deseo que al dejar de latir mi destrozado corazón, pueda por fin estar lejos.
Aunque si esto ya es la muerte, no se si desee volver a vivir, tal vez si, solo para saborear nuevamente tus labios.

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