un disco de Pink Floyd y la lluvia
me acompañan en esta reminiscencia.
En realidad es complejo explicar como llegué a la toma, solo recuerdo que en un momento, aburrido de toda la banalidad que me rodeaba en El Proa, simplemente dije; voy a ir a la toma, “pero weón me tienen que hacer bajar, no me puedo echar para atrás”, y finalmente me subí sólo a una micro y pagué con dos mapuches y un escudo para que me dejaran ahí, cerca de la Casa Central, en el Gimpert. Me bajé temeroso del puerto como siempre, viéndolos a todos como asaltantes, esgrimí un par pasos apurados y frente a esa reja que pronto se me haría tan familiar pregunté; “hola compañero, ¿puedo entrar?”, eran las cinco de la mañana de un sábado. Dos semanas y dos días después, salía de ese lugar, despidiéndome de gente que no saludaba, recordando nombres que no conocía, con algo en la mente que jamás pensé estaría ahí, luego de Zeitgeist y las lacrimógenas, luego de dormir en el piso y despertar en un colchón con el guanaco en la puerta, luego de prometer no buscar el carrete ni las minas, luego de no cumplir y cumplir un poco, salió alguien de ahí, alguien que aún estoy descubriendo.
Una mojada del guanaco en el dos mil cinco, era el único acto de protesta social de mi vida, acto que se veía manchado con la ingesta de alcohol que lo sucedió.
A las letanías no iba porque no me gusta saltar y gritar como mono, a las protestas tampoco porque me creí asmático por un tiempo, a la toma no fui porque voté en contra.
Con un amigo hablamos, mientras en castellano se gestaba la idea de la toma, nosotros veíamos como ellos obviaban el futuro, por tratar de solucionar el presente, olvidaban el calentamiento global y la escasez de petróleo y alimento, el nuevo orden mundial y nuestro absurdo papel en él, que hacen un profesor de castellano y uno de filosofía en un mundo post apocalíptico, pero de ese apocalipsis que asusta porque es de verdad y no de sueños apostólicos, la respuesta era una casa en el sur, un invernadero y suficientes armas para defenderlo, defenderlo de otros que como estos niños revolucionarios que olvidaron el futuro por tratar de arreglar el presente.
Los primeros días de la toma fueron los más raros, estaba acostumbrado a ir a la u a pseudo estudiar y posteriormente participar en las asambleas diarias, aportando poco o nada y volver a mi casa, ahora ni siquiera eso, estaba en mi casa, con ese insomnio maldito que me da al primer atisbo de vacaciones, pensando en como dejar de sentir, pensando en los compañeros de la toma y si se estaban entreteniendo más que yo, todo esto por cuatro noches, porque a la quinta, sabiendo lo que me esperaba en casa , me baje de una micro, he ingrese a un recinto tomado, ilegal, distinto.
Es raro estar en un lugar donde conoces a nadie, donde el carrete es lo único que sabes tienes de común con el resto de la gente, y es el carrete una de las cosas que no deseas hacer, los días eran simplemente una lata, sin nada que hacer, un merodear constante hacia el quinto piso, hacia el tercero, jugar cartas, no jugar ping-pong, no hablar con nadie, un par de diálogos, quedarme despierto toda la noche, un par de pitos, un poco de vino, los funcionarios en la reja, el polvo del zorrillo, los encapuchados, los neumáticos y la maldita parafina. Pausa, me como un limón, me encapucho con el pañuelo de una ex, y trato de bajar. Imposible, pingüinos, echara a los pingüinos, y una niña ahogada, la soledad ya no lo es tanto, sentimientos por ella. Otra pausa, un cigarro, me lo marcan y lo debo ceder, ¿y si no le doy?, más pitos y más vinos, menos pacos y más gente, café, café, café, llegan los pacos, era broma, compañeros, adiós a Dios, un amigo, ninguna, ninguna amiga, ella, la puerta, algo que nunca fue, ¡compañeros!
Soy inteligente, pero ignorante, sé de muchas cosas pero de nada que importe, soy raro y hablo poco, pero no sé que me pasa. “Pide y se te concederá”, es la frase que siempre repito, por lo menos en mis conversaciones conmigo mismo, porque siempre que deseo que algo pase, me pasa algo, ahora fue todo esto, todo lo de la toma, todo lo de la “sociedad” todo lo de todo, encontré un nuevo hobby, y como dije en una respuesta a ese amigo, necesitaba uno, esto de ser un actor aunque sea uno ínfimo en la sociedad parece ser uno y al parecer es productivo, y más interesante que armar rompecabezas, o coleccionar mierdas que otros botan. No deseo quitarle importancia a lo que estoy haciendo, a lo que de a poco estoy haciendo mío, al no quedarme inmóvil mientras el mundo llega a mi puerta, no porque tenga becas debo dejar de luchar por quienes no las tienen, no por saber que sin hacer nada en la u podría fácilmente pasarla, me voy a quedar en mi casa esperando que pasen los semestres, es algo nuevo todo esto, algo que nunca he hecho, cuando pensé que ya había hecho bastante. Porque soy de aquellos de los que me burlé, y sé que no “nos” importan las burlas, porque sabemos que lo que hacemos es más importante que una mina desconocida en la cama de un amigo, o por lo menos se que eso no es lo único que te llena por dentro, no he servido de escudo frente al guanaco ni he destruido una lacrimógena con los dientes para lograr el reconocimiento de una mina, ni creo que algún día lo haga, como dije soy inteligente.
Luego de ir a una toma sin mayor motivación que tequila limón y sal en mi cuerpo, salí un poco cambiado, o eso es o que quiero creer, para otros fue una toma más, para mi fue muchas cosas más que una toma. Y quiero creer que esa sal, ese tequila y ese limón, dejaran de ser el recuerdo de algo que me hizo evadirme, para ser el principio de todo lo contrario.
aca el blog del Mateo http://conartemidoro.blogspot.com
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